El fracaso escolar, ¿fracaso de quién? La modificación del concepto de fracaso.

PALABRAS CLAVES

Fracaso escolar, educación inclusiva, abandono escolar y buenas prácticas.

RESUMEN

Este trabajo constituye una revisión de la literatura sobre fracaso escolar. Se propone contribuir a la discusión sobre este concepto y mostrar cómo ha ido cambiando a partir de la introducción de la noción de educación inclusiva. Revisa numerosas fuentes bibliográficas sobre cómo el fenómeno se ha enfrentado en diferentes contextos, en los diversos niveles de los sistemas educativos (el de diseño de políticas, el de los centros educativos, el de las aulas). El trabajo concluye que existen buenas prácticas asociadas al abatimiento del fracaso y que hoy día los enfoques con mejores resultados están asociados a una concepción inclusiva, preventiva, de proceso, sistémica y de experimentación y toma de riesgos en las aulas.

CONCLUSIONES

Si bien, como se ha visto en la sección anterior, existe un relativamente fuerte consenso sobre cuáles deberían ser las medidas que se deben tomar tanto en el nivel de los sistemas como en el de las escuelas y las aulas para que los aprendizajes mejoren, “el fracaso persiste como una roca pesada” (Escudero y Martínez, 2012, p. 176). El diseño de los sistemas educativos, su funcionamiento, sus inercias y lo complejo del fenómeno del fracaso en sí, hacen que el abatimiento de éste se vuelva un propósito todavía lejano. ¿Hacia dónde avanzar? Hacia la educación inclusiva como concepción central. En el trabajo se argumentó a favor de un concepto de fracaso que no alude al estudiante, sino al fracaso de la provisión educativa. Es más, sería más adecuado eliminar la expresión “fracaso escolar” y sustituirla por una que apunte al logro de todos los estudiantes, como lo propuso la Declaración de Salamanca de 1994: son las escuelas regulares con una orientación inclusiva las que podrán llegar al propósito de educación para todos (Ainscow, 2005). Hacia un enfoque preventivo. De acuerdo a lo anterior, queda claro que los programas de abatimiento de los malos resultados deberían irse incorporando a la provisión regular del servicio educativo, hasta convertirse en algo constitutivo de éste. Lo que debe predominar es un enfoque preventivo y no uno de atención al problema cuando ya está instalado. Hacia una visión de proceso y cambio. También es importante ver en esto un tema de proceso de cambio de los sistemas educativos. Probablemente, los gérmenes del cambio están ya en las iniciativas de abatimiento del fracaso que hoy existen, ya sea en el sistema en su conjunto, como bajo forma de iniciativas parciales. Hacia una visión sistémica. Los estudios referidos en el trabajo muestran que numerosas experiencias y especialistas concuerdan en que tanto el problema como su solución están presentes en los diferentes niveles donde funciona un sistema educativo en forma simultánea, ya que las iniciativas en uno solo de los niveles solo logran resultados de la misma índole, y en definitiva se desgastan y hasta fracasan al no estar acompañadas por avances en los demás. Hacia la experimentación, la toma de riesgos y la investigación. Todo lo anterior no podrá ser realizado sin fuertes apuestas metodológicas de trabajo en las aulas, las escuelas y los equipos de diseño de política, y sus consiguientes evaluaciones. Se trata de un trabajo riguroso y técnico, de acumulación y de colaboración entre equipos de docentes, investigadores y tomadores de decisiones que apunten en las direcciones señaladas.

CITA APA

Aristimuño, A. (2015). El fracaso escolar, ¿fracaso de quién?: la modificación del concepto de fracaso. Revista latinoamericana de educación inclusiva, 9(1), 111-126.

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